MITOLOGÍA JAPONESA: La creación del mundo japonés
- 6 dic 2022
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Actualizado: 19 dic 2022
Desde la antigüedad, los japoneses han creído en una serie de dioses y leyendas conocidos como Kami-no-michi, el Camino de los Dioses. Más tarde, este conjunto de creencias se conoció como Shinto o Sintoísmo. Los primeros habitantes de Hokkaido y más tarde de la isla de Honshu tenían cultos animistas, probablemente originarios de sus probables antepasados mongoles. Con el tiempo, sin embargo, surgieron explicaciones más complejas para los eventos naturales. Para los antiguos sintoístas, en el principio de los tiempos solo existía el caos, del que surgió el cielo, las nubes y un mar de lodo envuelto en una oscuridad absoluta.

En La Llanura Celestial del Takamagahara aparecen 17 dioses, de los cuales la pareja Izanagi e Izanami son los más importantes y los iniciadores del ciclo de la mitología. Fueron ellos quienes crearon el archipiélago japonés y movieron los mares con su lanza. Tuvieron muchos hijos, y el último que nació fue el Príncipe de Fuego Kagutsuchi, desafortunadamente, quemó a Izanami durante el parto, lo que resultó en su muerte, y su consecuente marcha al inframundo, al Yomi. Con ira, Izanagi mató a su hijo y de su sangre nacieron innumerables dioses menores. Izanagi, todavía enojado, va a buscar a su amada al Yomi, pero no logró hacerla volver a su mundo porque esta ya había comido del reino de los muertos (regla que existe también en la mitología griega). Aparentemente, Izanagi trató de encontrar a su amada nuevamente, pero cuando la miró a la cara vio lo deforme y lleno de gusanos que la tenía, así que se largó de allí e hizo que la diosa quedara encerrada para siempre. La mujer se ofendió y dijo que tomaría 1000 almas del mundo todos los días, a lo que él respondió que crearía 1500. Así es como los nipones (japoneses) explican la vida, la muerte y el equilibrio natural entre los dos.
Izanagi e Izanami creando el archipiélago japonés
Izanagi fue a lavar su cuerpo ceniciento y el hedor de la muerte en un arroyo. De este acto de purificación surgieron tres nuevos dioses o kami. Susanoo, el dios de la tormenta, Tsukuyomi, el dios de la luna y Amaterasu, la gran diosa del sol. Esto es importante porque ella se convirtió en la gobernante suprema de la luz y la vida en la tierra.
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